Peña Nieto: o lo amas o lo odias
Por Miguel Ángel Castillo | Tema del Momento – Hace 13 horasCuando escuché que alguien había dicho la frase: “Me abuchean por ser rico, guapo y me tienen envidia” de inmediato mi mirada se volvió hacia Toluca. Esa expresión de seguridad y autosuficiencia no podía venir de otro lado que del ahora ex gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.
Grande fue mi sorpresa al enterarme de que el autor de esa sentencia tan contundente era el futbolista merengue Cristiano Ronaldo. Ahí ya no se la creí tanto. Aunque no dejo de reconocer que podría aplicarse a la perfección con el aspirante a la Presidencia. Tal vez no lo haya dicho, pero seguramente lo ha pensado. Sabe a consciencia que así como es vitoreado por masas, es repudiado en igual proporción.
Lo curioso, es que el elemento que lo hace merecedor de tales sentimientos es el mismo en ambas partes. Con Peña Nieto no hay medias tintas. O te cae bien, o te causa la misma sensación de un dolor de muelas. O le subes a la televisión cuando aparece en pantalla o le cambias inmediatamente. O lo amas o lo odias.
Los mismos factores que hacen enloquecer a un gran sector de este país cuando aparece en escena son idénticos para los que quisieran verlo caer en desgracia. Y la verdad es que no son pocos. No hablo de contrincantes políticos o correligionarios de partido, sino de la gente que con sus votos decidirá la elección presidencial de 2012.
Mucho se ha mencionado de que Enrique Peña Nieto tiene todo el apoyo de la mayor televisora de este país, y por supuesto, eso se nota. Sin embargo, hoy nos enfrentamos a un personaje que es vendido claramente como un producto al que se cuida, se programa y se expone lo necesario para tenerlo en la mente de la gente.
En efecto, se trata de un personaje carismático cuyos tiempos ha medido (o le han medido) de forma idónea para ser ubicuo. Y es ahí donde surge el fenómeno, que ya hemos visto en otros lados, que por tratarse de un político parecería nuevo, pero no lo es.
En los últimos años la televisión nos ha saturado con ‘reality shows’ de donde han salido cantidad de personajes que, aunque sean desconocidos, provocan el apasionamiento de la gente a multitudes. Por un tiempo, que en la práctica resulta efímero, somos bombardeados con su imagen por todos los medios posibles a tal punto que llegamos a saber nombre, talla y gustos de ropa. Aunque no nos interese, sabemos sus cualidades y defectos. Cuando menos lo esperamos, ya estamos opinando sobre ellos, bien o mal, pero lo hacemos. Los atacamos o los defendemos, ya somos parte del juego.
Con el ex gobernador pasa lo mismo; hay quien se harta con su presencia en spots, revistas, noticias, redes sociales y existe también quien pide más de eso.
A Peña Nieto se le ha criticado, para empezar, su uniforme priista; ese simple hecho causa tirria, escozor, desconfianza; pero eso mismo hace que muchos lo sigan. Es visto como el abanderado de una generación que regresará la gloria a ese partido.
Se le aborrece por su aspecto físico, siempre cuidado y pulcro, ni un cabello fuera de lugar, con una sonrisa en cada evento y un discurso estructurado. No hace falta decir que esa cualidad es causa de suspiros y admiración en muchas.
Se le insulta por dar una imagen de familia feliz, con una esposa literalmente sacada de la televisión, una boda mediática, y pequeñas pero constantes aperturas a su intimidad en revistas clave. No obstante, esas historias de telenovela son consumidas con avidez, tanto, que otros políticos han seguido su ejemplo y las editoriales ya hicieron un nicho.
A estas alturas, el debate de propuestas, sus logros o errores de gobierno, sus alianzas políticas y toda su plataforma electoral que debía ser un factor primordial en cualquier elección, pasó a segundo término.
Como un producto bien posicionado, le basta con mantenerse, exponerse lo necesario (ya sin el obstáculo de ser un funcionario activo) y seguir cautivando masas con los mismos ingredientes a quien ya tiene en la bolsa. Los que están fuera de ella es un hecho que nunca entrarán. Y él lo sabe.
Grande fue mi sorpresa al enterarme de que el autor de esa sentencia tan contundente era el futbolista merengue Cristiano Ronaldo. Ahí ya no se la creí tanto. Aunque no dejo de reconocer que podría aplicarse a la perfección con el aspirante a la Presidencia. Tal vez no lo haya dicho, pero seguramente lo ha pensado. Sabe a consciencia que así como es vitoreado por masas, es repudiado en igual proporción.
Lo curioso, es que el elemento que lo hace merecedor de tales sentimientos es el mismo en ambas partes. Con Peña Nieto no hay medias tintas. O te cae bien, o te causa la misma sensación de un dolor de muelas. O le subes a la televisión cuando aparece en pantalla o le cambias inmediatamente. O lo amas o lo odias.
Los mismos factores que hacen enloquecer a un gran sector de este país cuando aparece en escena son idénticos para los que quisieran verlo caer en desgracia. Y la verdad es que no son pocos. No hablo de contrincantes políticos o correligionarios de partido, sino de la gente que con sus votos decidirá la elección presidencial de 2012.
Mucho se ha mencionado de que Enrique Peña Nieto tiene todo el apoyo de la mayor televisora de este país, y por supuesto, eso se nota. Sin embargo, hoy nos enfrentamos a un personaje que es vendido claramente como un producto al que se cuida, se programa y se expone lo necesario para tenerlo en la mente de la gente.
En efecto, se trata de un personaje carismático cuyos tiempos ha medido (o le han medido) de forma idónea para ser ubicuo. Y es ahí donde surge el fenómeno, que ya hemos visto en otros lados, que por tratarse de un político parecería nuevo, pero no lo es.
En los últimos años la televisión nos ha saturado con ‘reality shows’ de donde han salido cantidad de personajes que, aunque sean desconocidos, provocan el apasionamiento de la gente a multitudes. Por un tiempo, que en la práctica resulta efímero, somos bombardeados con su imagen por todos los medios posibles a tal punto que llegamos a saber nombre, talla y gustos de ropa. Aunque no nos interese, sabemos sus cualidades y defectos. Cuando menos lo esperamos, ya estamos opinando sobre ellos, bien o mal, pero lo hacemos. Los atacamos o los defendemos, ya somos parte del juego.
Con el ex gobernador pasa lo mismo; hay quien se harta con su presencia en spots, revistas, noticias, redes sociales y existe también quien pide más de eso.
A Peña Nieto se le ha criticado, para empezar, su uniforme priista; ese simple hecho causa tirria, escozor, desconfianza; pero eso mismo hace que muchos lo sigan. Es visto como el abanderado de una generación que regresará la gloria a ese partido.
Se le aborrece por su aspecto físico, siempre cuidado y pulcro, ni un cabello fuera de lugar, con una sonrisa en cada evento y un discurso estructurado. No hace falta decir que esa cualidad es causa de suspiros y admiración en muchas.
Se le insulta por dar una imagen de familia feliz, con una esposa literalmente sacada de la televisión, una boda mediática, y pequeñas pero constantes aperturas a su intimidad en revistas clave. No obstante, esas historias de telenovela son consumidas con avidez, tanto, que otros políticos han seguido su ejemplo y las editoriales ya hicieron un nicho.
A estas alturas, el debate de propuestas, sus logros o errores de gobierno, sus alianzas políticas y toda su plataforma electoral que debía ser un factor primordial en cualquier elección, pasó a segundo término.
Como un producto bien posicionado, le basta con mantenerse, exponerse lo necesario (ya sin el obstáculo de ser un funcionario activo) y seguir cautivando masas con los mismos ingredientes a quien ya tiene en la bolsa. Los que están fuera de ella es un hecho que nunca entrarán. Y él lo sabe.
Foto: Cuartoscuro
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